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Jose Labrandero - Ingeniero Medioambiental

Cómo la guerra impulsa a la medicina

El hospital en Camp Bastion, la sede central de las fuerzas británicas en Afganistán, por ejemplo, está a la vanguardia en el desarrollo de cirugías traumatológicas.
En 2010 atendió a 8.000 pacientes, muchos de ellos con heridas muy graves.
Increíblemente, los médicos de los ejércitos estadounidense y británico ahora pretenden salvar al 90% de esos pacientes, el porcentaje más alto en la historia de los enfrentamientos bélicos.
Sin embargo, hace 500 años, lo máximo que podía esperar un soldado herido era que sus amigos lo arrastraran fuera del campo de batalla y, si sobrevivía, que sus heridas fueran cauterizadas con planchas calientes o selladas con aceite hirviendo.

Los horrores de la guerra

La pérdida de sangre siempre ha sido la mayor causa de muerte en las guerras.

 

Un punto de quiebre importante llegó en 1537, cuando un barbero francés de nombre Ambroise Pare fue enviado como cirujano a la toma de Turín.
Terminó tan horrorizado con lo que vio que diseñó una alternativa increíblemente sencilla: la ligadura. Identificó arterias sangrantes para luego coser los extremos con hilos de seda.
Las ligaduras habían sido utilizadas por los romanos y los árabes, pero las habilidades se perdieron y tuvo que pasar tiempo para que el trabajo de Pare se convirtiera en una práctica común.
Un siglo después de "su creación", los cirujanos seguían utilizando aceite hirviendo y cauterizaban las heridas.
La idea de usar transporte especializado para evacuar a los heridos del campo de batalla llegó hace 200 años y fue de nuevo un francés el que primero vio esa necesidad.
Dominique Jean Larrey, cirujano jefe de los ejércitos de Napoleón, se dio cuenta de que la artillería francesa era capaz de mover cañones a gran velocidad en el campo de batalla con carruajes impulsados por caballos.
Se preguntó si vehículos similares podrían ser utilizados para transportar a los heridos.
En esa época, a muchos soldados se les dejaba para que murieran en el mismo sitio donde caían y podían pasar 24 horas o más para que un hombre herido fuera transportado a un hospital.
"Cuando un miembro es destrozado por un cañón, por la explosión de una granada o una bomba, se necesita la amputación más rápida posible", escribió Larrey en sus memorias.
"La demora más leve pone en peligro la vida del herido...sin la asistencia de la ambulancia voladora...un gran número habría muerto sólo por esta causa".
Larrey creó lo que llamó "ambulancias voladoras". Estas eran carros impulsados por caballos que podían transportar a los heridos con algo de comodidad y a alta velocidad hacia donde se encontraban los cirujanos. El duque de Wellington se sorprendió tanto con esto que les ordenó a sus hombres no dispararles.

Ambulancia aérea

En Afganistán, los equipos modernos han permitido que la propuesta de Larrey sea llevada a un nuevo nivel con las tropas que son evacuadas en un helicóptero que lleva a un doctor, una enfermera y dos paramédicos, además del tipo de equipos médicos que normalmente se encontrarían en la unidad de emergencias de un hospital.
ambulancia de la guerra de crimea
Una ambulancia durante la Guerra de Crimea era impulsada por seis mulas y tenía campo para diez pacientes (cuatro en camillas).

 

El tratamiento empieza cuando la ambulancia aérea está apenas abriéndose paso.
Tropas estadounidenses y británicas cuentan con torniquetes, por lo que si uno de sus hombres pierde un brazo o una pierna están en capacidad de hacer presión para frenar el sangrado hasta que puedan ser subidos a un helicóptero y transportados a un hospital.
En el trayecto se les suministra sangre, a veces en grandes cantidades. Médicos del ejército británico en Irak descubrieron que si a los heridos se les suministraba plasma extra -que contiene agentes que ayudan a que la sangre coagule- casi se duplicaban las tasas de supervivencia.
A su llegada a Camp Bastion, los médicos revisan a los heridos para verificar si hay sangrado interno. En caso afirmativo, se puede poner rápidamente en marcha todo el proceso para una cirugía, con grupos de médicos dedicados a un solo paciente.
"Sin duda alguna hay personas que han permanecido vivas que no habrían sobrevivido hace cinco años", dice el teniente coronel Steve Lord, consultor del departamento de emergencias en Camp Bastion.
Todos los que llegan con una probable lesión interna reciben un chequeo completo del cuerpo, explica. "Eso es algo que deberíamos tener más en consideración en el NHS" (el sistema de salud pública nacional en el Reino Unido).
El nuevo protocolo de sangre, que incrementa las cantidades de plasma en pacientes con traumas, ya está siendo introducido en partes del NHS.
Y los torniquetes militares, que pueden aplicarse con una sola mano, también están siendo utilizados de manera creciente por servicios de ambulancias.
Otra técnica desarrollada por los militares, con ayuda de médicos civiles, es el uso de ultrasonido portátil.
Esto se utiliza no sólo para los escáneres sino también para el control del dolor, pues les permite a los cirujanos localizar y anestesiar nervios individuales.
El ultrasonido como tal fue un producto de la guerra, que se utilizó primero por ingenieros en la Segunda Guerra Mundial para detectar grietas en las armaduras.
Hoy es una herramienta médica fascinante, que se utiliza para una variedad de propósitos, desde revisar a mujeres embarazadas hasta localizar tumores cancerígenos.

Medicina de Guerra
  • El uso de un torniquete para limitar la pérdida de sangre se conocía en épocas romanas y pudo haber sido desarrollado en el ejército romano y entre sus usos estaba la amputación.
  • El control moderno de infecciones toma prestado buena parte del trabajo de Florence Nightingale durante la Guerra de Crimea en el siglo XIX. Ella se aseguró de que las salas de los hospitales fueran limpiadas y ventiladas, lo que ocasionó una caída dramática en las tasas de mortalidad.
  • Durante la Primera Guerra Mundial, doctores franceses formalizaron por primera vez el sistema de "triage" (un sistema de diferentes prioridades para maximizar el número de sobrevivientes). Los pacientes se dividían en tres categorías: quienes tenían más posibilidades de beneficiarse del tratamiento recibían tratamiento antes que quienes podrían sobrevivir y quienes morirían de todos modos.
  • El descubrimiento de la penicilina en 1928 fue pasado por alto y sólo se convirtió en una droga efectiva en la Segunda Guerra Mundial, cuando investigadores médicos buscaban un método para controlar las infecciones en las tropas.

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