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Jose Labrandero - Ingeniero Medioambiental

La seguridad del almacenamiento geológico de CO2

En las últimas semanas, entre las noticias más destacadas de la actualidad española se ha colado la preocupación por los terremotos relacionados con el depósito de gas submarino del proyecto Castor, situado a poco más de 20 kilómetros de las costas de Castellón. En todo el mundo hay unas 600 instalaciones de este tipo y no suelen provocar más que pequeños seísmos inapreciables, pero en este caso, se han dejado sentir por la población. Además, existen otros proyectos aparentemente similares aunque sus fines sean muy distintos, como el almacenamiento geológico de CO2. ¿La seguridad está garantizada?

 

El proyecto de la Ciudad de la Energía (CIUDEN) de Ponferrrada tiene como objetivo luchar contra el cambio climático estudiando la captura, el transporte y el almacenamiento de dióxido de carbono, que es uno de los principales gases resultantes de la combustión del carbón en las centrales térmicas, además de ser producido también por otro tipo de industrias. El CO2 llega a la atmósfera, convirtiéndose en uno de los principales responsables del efecto invernadero que calienta el planeta. Por eso, la idea es sencilla: evitar que llegue a la atmósfera contribuirá a detener el cambio climático y para ello una opción es su almacenamiento subterráneo aprovechando los lugares geológicamente más aptos para ello.


Proceso


La CIUDEN trabaja en un proyecto experimental en este sentido: investigar la captación, transporte y almacenamiento del CO2, lo que se conoce como tecnologías CAC. En Hontomín (Burgos) desarrolla una planta de almacenamiento del gas. Asimismo, en Cubillos del Sil (León) cuenta con una planta piloto de inyección de CO2 en suelos, el proyecto conocido como PISCO2. El proceso consiste en capturar el gas en las centrales térmicas o en las industrias que o producen, transportarlo en conductos similares a los que se utilizan para el gas natural y, finalmente, inyectarlo en una roca porosa bajo tierra, a varios cientos de metros de profundidad. De esta forma se conseguiría un uso limpio del carbón, que aún puede ser una importante fuente de energía, y evitar que la industria contribuya al cambio climático.

 

Para empezar, la primera diferencia importante entre este proyecto y los depósitos de gas natural destinados al consumo, es que "sólo investiga y analiza los cambios que se producen cuando el CO2 entra en contacto con el suelo", explican a DiCYT fuentes de la CIUDEN. "Experimentar con estas técnicas para ver sin son viables es nuestro principal objetivo. Llevamos a cabo controles diarios para garantizar las condiciones de seguridad tanto para el medio ambiente como para la población, son controles a tiempo real que aseguran que no pueda producirse ningún tipo de descontrol, movimiento inusual o fuga del CO2", añaden.

 

Aislamiento durante millones de años


Otra de las claras diferencias que se observan en estos dos casos es el elemento que utilizan, puesto que el objetivo de la CIUDEN es analizar el comportamiento del CO2, mientras que en la planta submarina del proyecto Castor almacena gas natural y "las cantidades con las que se trabaja en CIUDEN son mínimas". Según los expertos, en ningún caso en ningún caso se vería afectada la población, porque no se trata de almacenar el dióxido de carbono de manera industrial, sino que "se va inyectando poco a poco en formaciones geológicas profundas para garantizar su aislamiento durante millones de años".


La actividad científica de la CIUDEN genera información a partir de la monitorización y seguimiento que se están realizando, especialmente desde el punto de vista geofísico y geoquímico. Precisamente, "conocer cómo se comporta el terreno antes de que se almacene el CO2 es importante para nuestra investigación", indica la CIUDEN. Así, "sabremos si estas técnicas pueden producir alteraciones o movimientos terrenales".

 

En cualquier caso, los riesgos son casi inexistentes, explican los expertos, y en ningún caso se pueden comparar con otro tipo de almacenamiento de gases, como el del proyecto Castor. Si las técnicas de almacenamiento geológico de CO2 son viables lo dirán, precisamente, los experimentos que se realizan en la actualidad y que se realizarán en el futuro.

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